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Conocer tu nivel de ansiedad para cambiar conductas

La verdad que me ha preocupado la cantidad de personas con estados de ansiedad, e inclusive crisis tipo ataque de pánico de las cuales he tenido conocimiento.

Tal vez primero pensamos que esto le podría pasar a personas que han perdido el empleo, que están preocupadas por su salud o por sus seres queridos… y diríamos “claro, es lógico”.

Pero lo he visto en personas jóvenes, con trabajo, con salud, con familia… se podría decir “sin preocupaciones”.

¿Por qué estarían ansiosas?

Primero, porque la ansiedad es un fenómeno que no mira edades, ni género, ni nivel socioeconómico.

Puede desbordarnos ante situaciones en las cuales sentimos que no tenemos control, que estamos sobre exigidos y que las demandas superan nuestras capacidades.

Y no nos olvidemos de la tan mentada INCERTIDUMBRE.

Cuando hablamos de ansiedad ya no hablamos de miedo. El miedo tiene un objeto concreto y sabemos de alguna manera “de qué nos tenemos que defender”.

La ansiedad no tiene un objeto concreto, es como un miedo generalizado, cuya máxima expresión sería el “miedo a la muerte” en los ataques de pánico, cuando las palpitaciones, temblores, sudoración, respiración agitada “nos confirman” que “efectivamente nos vamos a morir, ya”.

Sin embargo, no todas las personas llegan a tener estas manifestaciones (por suerte) y no significa que no estén padeciendo un nivel medio o alto de ansiedad.

Puede haber una disminución del bienestar general: dificultad para conciliar el sueño, problemas gastrointestinales, estar pendiente de lo negativo que puede pasar, tener pensamientos que se salen de control, dificultad para concentrarse (por estar inmersos en esos pensamientos que se quieren evitar y no se logra), sentir cansancio o debilidad…

Desde Eurekaonline quiero aportar un granito de arena a estas situaciones, y como no tengo recursos propios para esto que en este momento me preocupa (más que acompañarte desde otro lugar), quiero acercarte una herramienta que hay disponible en ANSIEDADTIPS.COM (y a un precio irrisorio de 2 dólares que está bueno aprovechar a raíz de la pandemia y la necesidad percibida en la gente).

Es una evaluación del nivel de ansiedad, con un método científico, que te permitirá tener en 5 -10 minutos, tu resultado y tu informe personalizado según tu nivel de ansiedad (te dirá si es Alto – Medio o Bajo). Además, lo que más me gusta, es que te entrega de regalo una Guía con pautas para que puedas ir manejando tu ansiedad.

Obviamente te digo lo mismo de siempre: esta evaluación no sustituye la consulta con un especialista. Pero como Eurekaonline es un sitio para brindar recursos que ayuden a estar y sentirse mejor… éste me pareció interesante y útil como punto de partida, para hacer algo por tu bienestar.

Así que hoy te invito a que hagas la evaluación si te sentís identificada con alguno de los síntomas, y además a que explores el blog y sigas Eurekaonline, porque vas a encontrar otros recursos aquí, todos gratis y pensados para que pienses en vos.

Ocupar el tiempo en algo productivo, pensar en otra cosa, entretenerse, son pasos importantes para no centrarte en lo que podría disparar tu ansiedad.

Te recuerdo la página por si te interesa tener de forma rápida una evaluación objetiva de tu situación, y algunas pautas para manejarte (haciendo clic abajo, vas directo y allí tendrás la información. Yo solamente te pongo al tanto de que existe ese recurso, que me parece interesante y útil).

ANSIEDADTIPS.COM

Lorena

Conocer el nivel de ansiedad de forma objetiva, es un paso importante para tomar medidas adecuadas que nos ayuden a controlarla.

Entrenamiento después de los 40: Isabel

Otro proceso. Una historia diferente y seguro tan parecida a la de muchas mujeres. En algún punto, te vas a sentir identificada con Isabel, como me pasó a mí cuando me escribió un email.

Isabel Morales es una instructora de educación física, que se está desarrollando en gimnasia terapéutica y apostando a que TODAS las personas hagan ejercicio físico, a su medida, acorde a las posibilidades de cada una.

¿Por qué me interesa que la conozcas?

Porque es una eurekiana de ley, seguidora del blog, sin conocernos. Un día me escribió un email muy lindo y muy “eurekiano”. Me contaba que con 46 años se encontraba como yo, en un proceso de “reinventarse” profesionalmente y dedicándose más a ella, luego de haber criado dos hijos y haberse hecho cargo de otros convencionalismos y obligaciones que asumimos por inercia, muchas veces.

Desde ese momento, era un proceso para conocer: tenía ante mí a una mujer como muchas, que luego de los 40 se dan cuenta de que es el momento y que son capaces de “hacer algo más”. A veces te das cuenta antes y te parece que no es el momento…

El hecho es que Isabel estaba en ese proceso de dedicarse tiempo para ella, conocerse, descubrir qué era lo que le hacía feliz y enfocarse en ello. Y lo que más me gustó es que hablaba de “luego de haber criado dos hijos y hacerse cargo de otras cosas”… ¿te suena familiar?

Cuando la llamé para que me contara “su proceso” (fue ahí que nos conocimos) encontré a una mujer hermosa, simpática, segura con lo que estaba haciendo y con ella misma, con muchas ganas de enseñar y de transmitir su pasión por el ejercicio físico.

Comienza su historia recordando que cuando era niña “era inteligente y gordita”. No es un dato menor, ya que remarca que el ejercicio nunca fue lo suyo, y que en su familia tampoco lo fomentaron como sí lo hacían con su hermano, que hacía deportes.

Se limitaba a las clases de educación física de la escuela y del liceo, que no le motivaban en absoluto, y como era más del estilo “intelectual” y buena estudiante… ahí quedó su relación con la gimnasia o el deporte.

A esto le sumaba que “era gordita”, que nunca conoció otra experiencia en torno a algún deporte, que no fue incentivada, y que en resumen en su cabeza estaban instaladas ideas como “el ejercicio no es para mí” o “no me gusta”.

A los 32 años fue por primera vez a un gimnasio

Sí! leíste bien. Desde chica no le motivaba, y de grande tampoco.

Estudió enfermería, trabajó un tiempo como enfermera, y al ser mamá y poner varias cosas en la balanza, en un momento decidió dejar de trabajar y dedicarse a su familia, como tantas mujeres que toman esa decisión.

El invierno a sus 32 años, vaya a saber por qué, se anotó en un gimnasio para no seguir saliendo a caminar como lo hacía. Ese fue su primer contacto con una rutina de ejercicio que no fuera la de la escuela o liceo.

Desde ese momento, no ha parado. Agradece a su entrenador que le hizo tomar el gusto por lo que hacía y descubrir que le encantaba eso que siempre había rechazado. Encontró en el gimnasio una motivación, una manera de hacer algo por ella misma, el placer por los logros que alcanzaba y lo que actualmente es parte fundamental de su vida.

A los 44 años, decidió inscribirse en un curso de Instructora. Buscó la aprobación de personas importantes para ella y superó sus propios prejuicios relacionados con su edad, con la de sus compañeros, con volver a estudiar.

Todos la apoyaron y la animaron a hacerlo, inclusive su primer entrenador (me pregunto qué habría pasado si alguien no le hubiera dicho lo que quería escuchar… pero eso será otro tema). Ella se sentía cada vez más segura y feliz con su decisión. Estaba empezando una nueva etapa, volviendo al exterior y desde una nueva profesión.

Actualmente trabaja en un gimnasio algunas horas con alumnos de todas las edades, mientras va perfilándose particularmente hacia la gimnasia terapéutica (higiene de columna, ejercicios para diabéticos, pacientes con fibromialgia y lo que se te ocurra).

Isabel ha logrado conjugar su interés por la salud desde dos ángulos: la enfermería que estudió de joven y postergó, y el entrenamiento físico que descubrió de grande y la atrapó.

Está convencida y habla con propiedad cuando dice que TODOS podemos hacer ejercicio, que hay muchos mitos, prejuicios, y falta de información a veces respecto a lo que es posible hacer.

Quiere enseñar a otras personas a descubrir lo que son capaces de hacer por ellas mismas, más allá de posibles limitaciones que puedan tener. Se notan sus ganas y su necesidad de transmitir su pasión, de motivar a que aunque sea desde una silla, cada uno pueda hacer algo por su salud.

No te habla de estética cuando habla de ejercitarse. No le importan los kilos de más, o el bikini del verano con la cola bien arriba. Habla de salud, de calidad de vida, de valorar tus logros, de sentir que vas avanzando día a día.

Te ayuda a darte cuenta de lo que podés hacer hoy que tal vez ayer no podías porque te faltaba ejercicio y fuerza. Habla de prevención y de una vejez saludable: porque lo que hacemos hoy y las decisiones que tomemos, irán definiendo nuestro futuro y nuestra salud.

No de gusto su proyecto personal se llama Entrenamiento Vital…

El entrenamiento para ella, personalmente, es un estilo de vida. Lo disfruta, lo extraña si no lo tiene, lo necesita para sentirse bien. Además, descubrió que también puede enseñar, ayudar y encontrar una fuente laboral a partir de eso que le apasiona.

Isabel continúa con su trabajo habitual mientras va avanzando en el camino de la gimnasia terapéutica. Se toma su tiempo, y va dando pasos con los que se sienta cómoda, aprendiendo, probando, sin desesperarse. Está disfrutando su proceso con todas las letras, incluyendo sus altibajos.

En fin… acá tenés a una mujer de 46 años que está descubriendo desde @entrenamiento.vital que puede unir su facilidad y gusto para enseñar, con su vocación por la salud, y su pasión por el ejercicio, sin olvidarnos que entró por primera vez a un gimnasio con 32 años.

Creo que es otra historia que podría motivarte a vos o a alguien que conozcas a hacer algo: ya sea a hacer ejercicio, o a probar alguna de esas tantas cosas que decimos “eso no es para mí”, o “no me gusta”.

Es una historia para mujeres que se han dedicado a su familia, y cuando sus hijos crecen se dicen “¿y ahora qué?”.

Es otro proceso que quien lo vivió, cuando mira hacia atrás, se dice a sí misma con orgullo: “qué genia Isabel!!”

No te olvides de compartir la historia con alguien a quien le pueda interesar (abajo tenés opciones) y de suscribirte a Eurekaonline para recibir la newsletter 😉

Lorena

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Lettering y Bullet Journal: Bettina Novarese

Tal vez seas de esas personas que aman un hobbie toda la vida y lo han seguido, o lo aman pero lo abandonan “por la carrera” o por las obligaciones que le toquen, o de las que lo descubrieron después de grandes…

(más…)

Muchas veces dejás "por ahí" algo que te apasiona, mientras la vida te lleva por otros lados y de alguna manera volvés a eso que te apasiona, en el momento justo, seguramente. Porque cada una tiene su proceso...

Amigas y socias: el proceso de “El Hada Mágica”

Levante la mano quien alguna vez ha disfrutado de hacer algo con una amiga y ambas han bromeado con la idea de “vamos a poner un negocio juntas”.

Si pido que levante la mano quién lo concretó, seguro tendremos menos éxito.

¿Y si pregunto quién NUNCA pensó en hacer de proyectos compatibles con una amiga, un emprendimiento? Me encantaría tener la respuesta. Y más me gustaría que si estás en ese grupo y le estás buscando la vuelta a algo en tu vida… pienses en esa opción.

Hoy te cuento el proceso de dos amigas, Lara y Marcia, que en realidad no se habían planteado la idea de tener un negocio juntas… pero se dio una oportunidad y la supieron ver.

El proceso de El Hada Mágica (potenciado por la amistad)

Lara ya tenía “El Hada Mágica” hace 7 años, pero había dejado de hacer decoraciones y mantenía las mesas dulces y souvenirs. Marcia tenía su servicio de fuente de chocolate por su lado, y la decoración de cumpleaños infantiles familiares, era simplemente un hobby.

Hace un año, se casó una de sus mejores amigas de hace más de 15 años. Como a las dos les gustaba y se daban idea para la decoración… su regalo fue decorar el salón para la boda. Lo disfrutaron mucho y recibieron buenas críticas, por lo que se plantearon la posibilidad de hacer más…

¿Pueden creer que nunca se les había ocurrido?

Hicieron una promoción, y su primera fiesta como socias fue un cumpleaños de 15. Necesitaban fotos para mostrar su trabajo, por lo que al comienzo casi no ganaban dinero. Sin embargo, se iban dando cuenta de que funcionaban en sociedad: se entienden, se apoyan, se ayudan, hacen dibujitos en su propio idioma, se coordinan en los tiempos que tienen, y lo más lindo: han ido creciendo juntas, se divierten y disfrutan de los resultados cuanto más grande es el desafío.

Para Marcia la decoración dejó de ser un hobby, y para Lara volvió a ser la parte de su trabajo que más le gustaba y había tenido que dejar atrás porque estaba sola.

De ese cumpleaños de 15 salieron otros, y otros, y se siguen agregando más. Cuentan con apoyo familiar para ir incorporando productos e insumos para decorar, han importado sus propias flores, integran sus servicios individuales para dar más valor a sus propuestas (las mesas dulces y la fuente de chocolate), generaron un servicio para pijamadas…

“Nos encantaría dedicarnos a esto”

Tienen trabajos dependientes de lunes a viernes, familia o estudio todos los días, y se dedican a esto los fines de semana y en las horas libres.

Su fortaleza son los cumpleaños infantiles, aunque también han decorado casamientos, cumpleaños de 15 y de 50…

Sueñan con tener un local (ahora las contactan por Facebook e Instagram), y con dedicarse de lleno a su empresa apostando a brindar un servicio más integral para todo tipo de fiestas. Lo que empezó casi por casualidad, ahora tiene forma de sueño y tiene una visión a largo plazo.

En este momento sienten la seguridad y alivio por tener su empleo estable y no estar a merced de las suspensiones de cumpleaños por la pandemia… que las habría afectado seriamente si dependieran de ello.

Pero… si en un año y con poco tiempo disponible ya han logrado crecer y potenciar esta sociedad, apuesto a ese sueño: a ayudarlo a crecer, a darle una buena base y a seguir disfrutando como lo hacen.

Yo no las conocía (y sigo sin conocerlas) pero me transmitieron su placer por lo que hacen, su calidez y naturalidad. Me las imagino como dos niñas jugando mientras logran un buen trabajo, dando lo mejor de ellas. Se nota que disfrutan, que se atreven y se complementan dándose confianza mutuamente.

Si tuviera que quedarme con una frase de la charla, en ese contexto de desafíos cuando llegan a un lugar para decorar sin conocerlo, sería lo que piensan cuando ven su trabajo terminado: “la verdad, nos quedó precioso”, con orgullo y entusiasmo al comprobar que se superan a sí mismas, a sus propias expectativas y lo que les depara el momento.

Tengo la sensación de que este es uno de esos procesos que recién está comenzando… que es un hermoso proceso en sí desde el casamiento hasta aquí (un año después) sin haberlo previsto ni planificado, pero es la etapa inicial de lo que ahora sí sería un sueño para las dos.

Estoy segura de que muchas amigas comparten y/o complementan habilidades, intereses, gustos, hobbies… y la mayoría de los casos probablemente hayan quedado en la broma, o en una “cuenta pendiente” para cuando cada una termine lo que esté haciendo por su camino.

Si estás feliz con lo que hacés, ¡me alegro mucho! Es lo que queremos.

Pero si te estás quejando, estás desconforme con tu trabajo, o estás desempleada, te sentís sola, frustrada, aburrida, desmotivada… sólo te invito a que mires a tu alrededor.

Buscá opciones, personas e ideas afuera, mientras buscás adentro qué te gusta, qué te hace feliz, en qué sos buena.

Sinceramente no sé qué tanto Lara y Marcia disfrutan su trabajo dependiente, pero sí son un lindo ejemplo de lo que disfrutan ahora, haciendo algo que siempre tuvieron al alcance de su mano, y en lo que no se les había ocurrido pensar inclusive teniendo ya trabajos complementarios.

Muchas veces, es cuestión de estar abierta, de ver las oportunidades, de conocerse, y de jugarse ya sea sola o con la persona correcta. Tranquila, paso a paso, sin locuras, pero apostando a lo que llega a convertirse en un proyecto que te motiva.

Dejá tu comentario si te ha pasado algo similar o si te suena familiar esta historia, me encantará leerlo y seguro será útil para otras mujeres en una situación similar.

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También te dejo aquí el link para que veas las cosas lindas de “El Hada Mágica” en Instagram y en Facebook.

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Animarse a cambiar de carrera: el proceso de Lucía

Si conocés a alguien o vos misma sos de esas personas que se han cuestionado su carrera, lo que están estudiando, han cambiado el rumbo o no se han animado a hacerlo… seguramente el proceso de Lucía Alba que hoy te presento aquí, te va a interesar.

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Actualmente Lucía es una joven mujer, madre, esposa, Licenciada en Nutrición, con una Maestría en su haber. Ha escrito artículos en periódicos, ha colaborado en Nutriguía, brinda talleres, es docente en la Universidad Católica, tiene un perfil activo en las redes sociales y comparte sus conocimientos, recetas y consejos a través de Facebook e Instagram.

Pero aquí no la queremos conocer por su currículum, sino por su proceso. Nos interesa la persona detrás del CV.

Ella ha ido desarrollando su profesión de manera independiente, implementando recursos tecnológicos, y a la vez con una mirada empática hacia sus pacientes. Seguramente hay muchas Licenciadas en Nutrición que se manejan así y son tan buenas como ella, pero bueno, es a la que conocí 😉.

¿Cuál ha sido su proceso?

Antes, Lucía era una joven muy tímida, introvertida, con conflictos con su cuerpo, excelente estudiante, y muy autoexigente. Estudió 6 años la carrera de Bioquímica. Le iba muy bien, aprobaba todo sin problemas, estudiaba y cumplía, aunque en una parte suya eso no la colmaba. Hacía lo que “debía hacer” y eso a lo que estaba acostumbrada: a ser muy buena en lo que hiciera.

En esa época, descubrió su pasión por bailar. En ese grupo al que la invitaron y entre esos bailarines, además de estar quien es su esposo y papá de sus hijos… encontró “un lugar que la hacía feliz”. Empezó a disfrutar de otras cosas y a descubrir otros aspectos suyos que le hacían bien.

Tal vez esa vía de escape a través del baile le permitió seguir 6 años en una carrera que no le colmaba… o le permitió también darse cuenta de que había algo más que “ser buena en lo que hacía”…

En sus propias palabras: “un día me puse a pensar que eso que estaba estudiando era a lo que me iba a dedicar el resto de mi vida… y no me convencía”.

Ese DARSE CUENTA fue muy impactante para ella. Aunque sabía que le gustaba la ciencia y que su elección en ese sentido estaba bien, había algo que no la colmaba cuando pensaba en estar en un laboratorio durante mucho tiempo (y para siempre).

Tomó una decisión muy importante y difícil: a punto de terminar la carrera, optó por abandonarla y probar otra cosa que le diera lo que la bioquímica no le brindaba. Tuvo que afrontar una conversación con su familia, haciéndose cargo de su decisión. Así comenzó Nutrición, y allí encontró y sigue encontrando la posibilidad de estar entre la ciencia y las personas.

Desde ahí puede escuchar, acompañar y ser un sostén para personas que necesitan hacer cambios en su alimentación, así como para quienes creen que lo necesitan y en realidad tal vez los problemas sean otros.

Se define como “una luchadora de la autoaceptación: ¿Cómo te vas a ayudar a vos mismo si no te aceptás como sos? ¿o no te querés como sos?”.

Tiene como un radar para percibir cuando alguien está en el circuito de la autocrítica, de la crítica a los demás, pendiente de lo que no tiene o necesitando ser perfecto. Del mismo modo se indigna con los mensajes y mandatos sociales de “tener que ser perfecto” bajo ciertos parámetros de belleza que pueden hacer mucho daño a quien se sienta vulnerable. Lo vive con frecuencia en el consultorio, y atender a este aspecto es parte importante en su abordaje.

Su propia experiencia, su propio proceso, le permiten hablar y posicionarse con conocimiento de causa, más allá del conocimiento y aval científico. Sabe lo que puede estar pasando alguien que no se siente bien consigo misma, alguien que deposita en la alimentación una manera de escapar de otros problemas. Sabe de autoexigencia, de darse cuenta y de aceptarse. Sabe que no es fácil, que implica decisiones difíciles, y sabe cómo puede disfrazarse nuestra “no aceptación” bajo múltiples fachadas.

Y lo más lindo: supo tomar una decisión más allá de sus miedos, a tiempo para encontrar lo que sí es su vocación y desde donde puede aportar al bienestar de otras personas, de una forma en la que se siente bien (y no solamente “es buena”).

Lucía sigue su proceso, sigue creciendo, sigue probando y apostando a hacer cosas nuevas, aunque tal vez, hasta que no se detuvo a pensar en todo el camino recorrido hasta aquí para contármelo… no se había dado cuenta de todo lo que había pasado, de lo valiente que había sido y de que gracias a todo lo que vivió y las decisiones que tomó, es quien es hoy.

Muchas veces “la vida te lleva” u optás por un camino porque ya estaba ahí, o porque pensaste que era el mejor, y seguro que en ese momento era el mejor.

Podés confirmar esa elección o, por el contrario, en algún momento detenerte a pensar qué hacer, o descubrir otra cosa que te gusta más sin buscarla. También te puede pasar que sigas haciendo lo mismo, sabiendo que no es lo que querés. Siempre estás a tiempo.

Dejá tu comentario si te ha pasado algo similar o si te suena familiar esta historia, me encantará leerlo y seguro será útil para otras mujeres en una situación similar.

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Te dejo aquí el link para que veas los posts en los que colaboró Lucía en Eureka el año pasado y veas de qué te hablo (con esos posteos suyos me conquistó, y los compartimos aquí en 3 partes).

Autoboicot a la dieta

Y para que la sigas en su Instagram @lucia_alba_nutricion

Hasta la próxima semana!! con otro lindo proceso para contar.

Lorena

Si conocés a alguien o vos misma sos de esas personas que se han cuestionado su carrera, lo que están estudiando, han cambiado el rumbo o no… Read more "Animarse a cambiar de carrera: el proceso de Lucía"

Diseño floral con sello propio: Celia Firpo

Es una mujer madura, trabajadora, cálida, transparente, enfocada en su servicio y en la felicidad del cliente. Lo transmite con su paciencia, su tono de voz (aunque siempre la ves corriendo), su disposición y generosidad.

He hablado creo que 3 veces con ella, pero desde el primer momento generamos un vínculo en el que yo admiro sus flores y a ella le gusta cómo escribo.

Es así que hemos colaborado mutuamente y que Celia se convirtió en la primera mujer de la lista para conocer SU PROCESO: porque se nota que la pelea, porque hace todo, está en todos los detalles, corre, va y viene, arma los ramos y los entrega, arma la fiesta y la desarma, va a los eventos, a los hoteles y a los comercios a renovar los arreglos. Busca cómo mejorar y renovarse continuamente, y entre todo eso: se nota que ama lo que hace, y su trabajo refleja sus valores.

Cuando ves un ramo suyo por más chiquito que sea morís de amor, porque son únicos, originales, con un toque personal. Y cuando ves esas “superproducciones florales” en hermosas fiestas, podrías imaginarte toda una empresa detrás, con muchas personas, con un local top… pero ¿sabés algo?

Lo que hay detrás es una mujer con un sueño, con pasión por las flores, con creatividad, vocación de servicio y un gran corazón, en un local chiquito en un barrio común, y con el resto de las cosas en su casa que hace las veces de “depósito y taller”.

Recuerdo que su relato comenzó así “no fue fácil, yo me caí muchas veces…”.

Estando embarazada de su hija mayor, hace unos 26 años, tenía otro trabajo y los fines de semana vendía flores en un puesto en la calle. En un momento, le ofrecieron instalarse en Zonamérica con un local propio. No fue una decisión fácil, pero decidió arriesgarse, invirtiendo mucho dinero en un proyecto muy ambicioso para ella, que no funcionó. El local que construyó está vacío, y actualmente, desde afuera, trabaja aún más para clientes de allí que cuando estaba adentro.

Cuenta que su sueño siempre fue tener una “boutique de flores”.

Se imaginaba un local donde los clientes pudieran elegir lo que querían, personalizar los ramos, y no quedarse en los arreglos fúnebres clásicos de las florerías. Sabía lo que quería. Pero quedó con miedo luego de esa experiencia en la que se jugó.

Al tiempo, consiguió un local (el actual, en Solano López y Rivera) para volver a instalarse. Pero no le resultó tan fácil: el miedo a fracasar nuevamente le impedía abrirlo. Lo alquiló en junio y se animó a abrir en diciembre…

Qué poderoso es el miedo ¿no?

Ahora, haciendo un trabajo de hormiga trabajadora, resume su proceso como “estar haciendo lo que desea, y lo que más le gratifica es la devolución de sus clientes, de las familias cuando hace una fiesta…”.

Sabe que no llegó al final de nada, tiene algunos proyectos en mente, pero se siente satisfecha y centrada en continuar mejorando e innovando para trabajar como ella quiere.

Celia puede pasar casi desapercibida hasta que conocés lo que hace. No ostenta nada. Disfrutás más sus diseños en el mostrador de la panadería de al lado que en su propio local. Perfil bajo siempre. Sin embargo, cuando la conocés a ella y a sus trabajos, seguro reincidís y te hacés casi “adicta”, aunque sea… a mirar sus fotos.

Puede ser una inspiración para vos o para alguien que conozcas, para animarse, para mantener el esfuerzo, para jugarse por lo que sabe que quiere. Si hay alguien en tu entorno que pueda motivarse con este ejemplo no dudes en compartirlo! Debajo tenés las vías para hacerlo.

Y por otra parte: en épocas de aislamiento la tecnología me jugó una mala pasada 😉 por lo que tenemos pendiente otro encuentro, para conversar más y para que puedas conocerla “personalmente”. ¿Hay algo más que quisieras saber de Celia, algo que quisieras preguntarle? dejalo en los comentarios.

¿Y hay alguna mujer de la que quisieras conocer su proceso, porque puede ser inspiradora para otras?

No precisamos historias espectaculares, queremos conocer mujeres reales, comunes y corrientes, que están haciendo lo que disfrutan y disfrutando lo que hacen.

Seguí Eurekaonline, y recibirás las novedades semanalmente (como mucho), además de que me sentiré feliz 😉

Es una mujer madura, trabajadora, cálida, transparente, enfocada en su servicio y en la felicidad del cliente. Lo transmite con su paciencia, su tono de voz (aunque… Read more "Diseño floral con sello propio: Celia Firpo"

Por qué es tan difícil lograr tus objetivos de cambiar hábitos

¿Alguna vez te planteaste un objetivo y no lo cumpliste?

Esa pregunta la hice en Instagram, y la respuesta fue 100% SI. Si me pregunto a mí, me sumo a ese 100%.

Hoy quiero explicarte por qué puede resultar tan difícil, y qué podemos hacer para lograr mejores resultados cuando se trata de cambiar un hábito.

Primero, te cuento que antes de escribir este post compartí en Instagram un desafío personal de levantarme a las 6 de la mañana, para tomarme un tiempo para mí (algunas lo vieron y me decían o pensaban “¿estás loca?”). En ese tiempo previo a empezar a trabajar o a que se levantara mi familia, me dedicaría a hacer las cosas que quisiera, tranquila, sin responder a necesidades ajenas. Ese tiempo incluye meditar, leer, hacer gimnasia y yoga (rutinas cortitas, saben que soy de vuelo corto… pero por lo menos estoy volando con ganas!!).

¿Por qué? Porque necesitaba sentir que tenía el control sobre algo, especialmente sobre mí.

En la rutina familiar normal, yo tengo mis ratos para estar sola y hacer lo que quiera. Asumo, totalmente, que si no hacía meditación ni iba al gimnasio era por otro montón de excusas que me ponía. Sin embargo, al comenzar el aislamiento y el trabajo-estudio online, éramos 4 personas en casa a la vez, todo el día, cada una con tiempos y demandas diferentes hasta que nos organizamos.

Los primeros días principalmente, los horarios se diluyeron, nos levantábamos todos más tarde y sentía que no tenía un tiempo y espacio para mí (aunque en algún momento sí tuviera). Terminaba la noche con una terrible sensación de haber perdido el tiempo, de no haber hecho nada productivo, de estar tras necesidades ajenas aunque no era tan así, pero era lo que sentía, porque mi energía y mis ganas de hacer cosas era superior al control que tenía sobre mi tiempo y mi productividad.

Hasta que llegó un momento en que mi malestar y la necesidad de asumir el control fue más fuerte, y decidí hacer algo para tomar las riendas y llevar adelante mis proyectos con la energía que sentía que tenía. Mi principal objetivo era adquirir una disciplina que me permitiera tener tiempo para mí, porque estaba dentro de mis proyectos.

Por eso DECIDÍ comenzar con el ejercicio de levantarme a las 6:00, y DISFRUTAR ese rato personal.

Compartí “el experimento” por dos motivos: para asumir un compromiso público que de alguna manera me ejerciera cierta presión para no aflojar 😉 y a la vez, porque podría ser una forma de “prueba social”, para poder decir hoy aquí “lo que te digo es cierto, yo lo hice… y así me fue”.

¿Resultados?

Si te digo que me levantaba súper feliz y despabilada todos los días a las 6, te mentiría, porque cada mañana hacía un esfuerzo para dejar de pensar en la cama calentita, en el sueño que aún tenía e inclusive un día puse el despertador 6:30 aprovechando que tendría más tiempo para cumplir con la disciplina matinal.

Sin embargo, no te miento cuando te digo que luego de esos primeros segundos (o minutos) de esfuerzo para levantarme, no me arrepentía y disfrutaba de haberlo hecho.

En un momento recordé que mi objetivo en sí mismo no era “levantarme a las 6:00” sino lograr una disciplina que me permitiera levantarme con tiempo suficiente para tener un rato tranquila con rutinas sólo para mí. Eso me da cierto margen de libertad, aunque ahora me despierto sola antes que suene el despertador, porque estoy trabajando el hábito de levantarme temprano (que tendré que perfeccionar, pero ya estoy cerca).

Al final del día (hasta ahora), ya no tenía la sensación de “tiempo perdido”, ni cuentas pendientes con lo que quería hacer (puedo tener otras, pero no el tiempo personal). Es un círculo virtuoso, y no es lo mismo rumiar todo lo que no hiciste y deberías haber hecho, que decir “uy, no hice esto, mañana elijo hacerlo, porque hoy me hizo falta“, e incorporarlo a tu rutina saludable.

Logré superar la tendencia a mantenerme dentro de mi zona de confort: no estoy sucumbiendo a mis ganas de dormir más, y levantarme cuando fuera necesario o quisiera hacerlo. Llega un punto en el que decís “si flaqueo ahora, tiro todo el esfuerzo por la borda”, sabiendo que los primeros 10 días son los más duros (voy 8).

¿Por qué es difícil lograr un objetivo que implica cambiar hábitos?

Las personas nos movemos más para evitar el dolor que para buscar el placer.

Si pensamos en levantarnos a las 6 pudiendo levantarnos a las 8… lo primero que se nos viene a la mente es: “con lo lindo que es dormir”, “la cama está calentita, afuera está frío”, “está lindo para quedarse un ratito más”… Resultado: nos levantamos a la hora necesaria, porque no hay más remedio.

Por más que pensemos que estaría buenísimo levantarnos antes, generar nuevos hábitos, sentir que cuando todos se levantan ya tenemos un montón de cosas hechas, que somos dueñas de nuestro tiempo… y el placer a largo plazo que eso nos generaría… la mayoría de las veces nos gana pensar que no queremos dejar la cama calentita, no queremos levantarnos si podemos dormir más, no queremos perder el gusto de “aprovechar para dormir”.

Si pensamos en hacer dieta pudiendo comer lo que queramos… lo que nos viene a la mente es “con lo rica que es la pizza”, “¿comer frutas y verduras en vez de pan y bizcochos?”, “qué aburrido es hacer dieta”, “¿y no podré comer papas fritas?”. Resultado: seguimos con la dieta habitual, y a lo sumo “el lunes empiezo”.

Por más que pensemos en lo bien que estaríamos en primavera si hacemos dieta, con menos kilos, con más energía y con el placer a largo plazo de vernos en el espejo y de escuchar que otros nos digan “qué linda que estás!”… la mayoría vamos a sucumbir a los bizcochos, las pizzas, las galletitas cuando estamos ansiosas: porque nos dan placer a corto plazo, ahora, porque son ricas y punto.

Generalmente hablamos de cambiar hábitos, que son costumbres arraigadas en nosotros, y no serán fáciles de cambiar aunque sepamos que es lo que necesitamos, deseamos o debemos hacer.

¿Cómo se puede cambiar entonces?

Depende exclusivamente de vos: de cuánto estés dispuesta a arriesgar o sacrificar por lograr el objetivo que querés.

Tener ese tiempo personal si tenés la agenda llena, requerirá una decisión de levantarse antes, o acostarse después, o dejar alguna serie de Netflix… dejar algo que te da placer ahora, inmediato, por un objetivo que para vos sea superior y valga la pena: “Sentirte bien contigo”, “dedicarte un tiempo”, o “leer más”, “hacer ejercicio o meditación”.

Tener un cuerpo más esbelto y saludable, también requerirá no comer pizza, bizcochos o papas fritas todos los días, que tal vez es lo que más te gusta, y hacer ejercicio en vez de mirar tele… Si pensás a corto plazo, es más probable que no quieras “perderte” lo que te gusta ahora, porque “la primavera está lejos aún” y eso de estar bien demora.

Recordá: es más fuerte nuestra disposición a no perder lo que ya tenemos y conocemos (aunque nos haga mal) que la fuerza para lograr algo que sabemos será mejor a largo plazo, pero que aún no tenemos.

Un cambio de hábito SIEMPRE requiere un sacrificio y cierta cuota de dolor.

Según Anthony Robbins, sólo estaremos realmente dispuestos a cambiar cuando nuestro “dolor” por el hábito que tenemos instaurado sea mayor que el “dolor” que nos genera la idea de cambiarlo.

Estarás dispuesta a levantarte a las 6 cuando ya no toleres lo que te genera levantarte a las 9… o a hacer dieta cuando no te quepa la ropa o te sientas humillada por algo.

Y obviamente, hasta que el nuevo hábito no sea un hábito… requerirá esfuerzo, sacrificio y voluntad.

No valen las modas, no valen las experiencias ajenas, no vale la información por más dura que sea. Hasta que VOS no sientas en carne propia el dolor suficiente para disponerte a cambiar, el nuevo hábito será un nuevo propósito de año nuevo, una experiencia de dos semanas, o una buena idea que leíste por ahí.

Entonces, en primer lugar buscá un objetivo que realmente VOS quieras cumplir, sabiendo que requerirá esfuerzo y que vas a estar pensando en lo que te duele dejar algunas costumbres y salir de tu zona de confort.

El placer, cuando estás haciendo un cambio que vale la pena, vendrá más adelante y como recompensa.

Hoy, te invito a pensar en esos cambios que te has propuesto y no has logrado… y a darte cuenta si hay algo de esto por ahí.

No es mi intención verte sufrir, pero espero que haya algo que te moleste tanto como para impulsarte a superar esta tendencia a “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Especialmente, si hay hábitos que te están haciendo daño.

Lorena

Muchas veces nos planteamos objetivos que implican cambiar hábitos... y fallamos. Acá te cuento por qué es tan difícil.

Educación en casa: comprender a padres, docentes y niños

Hoy quise adelantar la entrada porque me preocupa la situación en torno a la educación online de niños/adolescentes, por todos los involucrados: padres desbordados, docentes adaptándose, instituciones tomando medidas… y chicos en el medio.

Ansiedad y estrés son temas comunes, aunque me da la sensación de que así como en salud se habla de “los médicos”, en educación se habla más “del estrés de los padres”.

¿Se tiene en cuenta también la presión y necesidad de responder que tienen tanto los responsables de las Instituciones educativas, como los docentes y los propios niños?

Padres a favor, padres en contra (miren que yo simplifico: padres significa padres/madres/tutores), padres que se quejan en los grupos de whatsapp, otros que se mantienen al margen, padres que se comunican 2 o 3 veces por día con el colegio, padres que piden más horas de clases, otros que no quieren que sus hijos tengan horarios extensos en la computadora… si tienen horarios fijos y estructurados o van informando sobre la marcha… si el zoom es necesario o no…. si les mandan tareas, cómo, cuándo y por qué, si tienen sentido, si aprenden algo con eso… si cobran lo mismo o hacen descuento por la cuota, la comparación entre lo público y lo privado y la comparación entre colegios… si van a tener clase en diciembre y nos cortan las vacaciones, o si no tienen clase cuánto tiempo pierden… si pasarán de año, si cumplirán el programa, qué harán el año que viene… En fin… si tenés hijos o amigos en esta situación, ya entendiste desde el primer renglón de qué te hablo.

He percibido diversas situaciones de este estilo en distintos ámbitos, y llega un punto donde los intercambios pueden tornarse contraproducentes (principalmente por redes sociales) si no somos capaces de ponernos en el lugar del otro y comprender su perspectiva.

Algo que reiteramos en Eureka: cada uno reaccionará y tomará decisiones según sus valores y su propia experiencia personal, lo cual va de la mano con su forma de pensar e interpretar las situaciones (no hablemos del huevo o la gallina).

Imaginate, antes de discutir, que unos miran la realidad con lentes rojos, mientras otros tienen lentes verdes y otros negros. Además, hay que tener en cuenta que muchas veces, hasta que no vamos al oculista y nos muestra que tenemos una dificultad visual, estamos convencidos de que “vemos bien” porque ya nos acostumbramos a eso.

La realidad será la misma (en lo concreto), sin embargo lo que cada uno sea capaz de ver y lo que perciba de ella, no. Y lo que interprete… menos! Por lo tanto: no hay una sola realidad.

TE VOY A DAR TIPS PARA ADAPTARTE A LA EDUCACIÓN EN EL HOGAR

No de esos que hay muchos, que nos sugieren organizar horarios, espacios, recursos, dedicar tiempo a la familia (muchas veces asumiendo que ahora a todo el mundo le sobra tiempo, lo cual no es real). Los consejos prácticos son útiles, necesarios, y por suerte existen cuando necesitamos ayuda concreta! Pero acá, en Eurekaonline los tips van desde lo que “hay detrás” o “antes”: desde por qué pasa lo que pasa o hacemos lo que hacemos. Partimos de entender y hacernos cargo de nuestras conductas (eso también nos alivia rabietas con los demás y puede prevenir conflictos).

¿No te ha pasado que ponerte en el lugar del otro te cambia la perspectiva respecto a cierta situación o persona?

A eso vamos, buscando entender la situación de los padres, de los docentes, de los alumnos y de las instituciones educativas, dentro de una realidad compleja, global y sistémica como la emergencia sanitaria que nos atraviesa (en el mundo).

Los actores de la Educación actual

  • Una situación de emergencia sanitaria: algo inesperado, ajeno a todos, que genera cambios radicales en un contexto de total incertidumbre. Aún no está claro qué se debe hacer, cómo, y menos aún, por cuánto tiempo se implementarán los cambios. Se reciben directivas del Gobierno que escapan a las preferencias personales o institucionales, y que se deben cumplir. Implica una crisis social y económica, además de los riesgos en salud pública. Afecta tanto a los trabajadores, padres de familia, como a las empresas que los emplean, a los profesionales y trabajadores independientes. De golpe, no hay nada seguro: ni ahora ni en el futuro inmediato. Tanto a nivel de familia como de empresas e instituciones hay que tomar decisiones que no son fáciles, cada una de las cuales tendrá consecuencias en más de una persona y familia (tomate un tiempo para pensar tus propios ejemplos, y andá recordando hasta llegar al final).
  • Instituciones educativas: hay públicas y privadas, de diversos contextos y niveles de edad. Se ven afectadas por el punto anterior, teniendo a cargo la responsabilidad de continuar con su labor, buscando otras herramientas, y apelando a la buena disposición de su personal para hacer algo que para muchos era desconocido: educar a distancia. Las instituciones privadas tienen la presión “extra” de estar cobrando una cuota por su servicio, y el riesgo de perder clientes si no se adapta con velocidad. Cualquiera sea la decisión que tome, será difícil complacer a todos, teniendo que lidiar con su personal, con su realidad económica, con inversiones que implica la adaptación del sistema, con los padres y sus preferencias, y con el punto 1.

La cultura organizacional en cada institución sería como la “personalidad” de un individuo, y determinará cómo afronte los problemas y qué priorice en la forma de continuar con su servicio. No será lo mismo para una Institución que usaba una plataforma virtual de forma integral, con docentes y alumnos ya preparados, que para una que no lo hacía. Sin embargo, la cultura viene reflejándose con claridad en el modo en que se ha afrontado la crisis y en las propuestas paliativas que se han hecho. Las decisiones y la ejecución de las mismas tienen múltiples aristas, complejidad y costos, que desde afuera generalmente no se aprecian.

  • Los docentes: así como en la salud tenemos al personal de primera línea, en la educación son los docentes. Sin ellos, sin su compromiso, sin su preparación y capacidad para adaptarse a esta nueva situación, no hay institución que pueda llevar adelante ninguna medida potencialmente exitosa. Y aquí aparecen otros factores: la realidad personal y familiar, la experiencia previa en uso de plataformas y educación a distancia, el compromiso con su trabajo y con la institución, la cohesión del grupo, la “camiseta puesta” o si sólo es un empleo, los recursos tecnológicos con que cuente en su hogar, saber usarlos y adaptar la planificación presencial a otra modalidad y otros tiempos, que tal vez ni siquiera comparta.
  • Los padres: son los cuidadores de los niños, de la economía familiar y más que nunca de sus ingresos que directa o indirectamente en su mayoría se ven afectados, lo que lleva a prestar más atención a “qué estoy pagando”. Algunos mantienen el trabajo normalmente, otros con home-office, y otros pueden tener menos ingresos o estar desempleados… Hay familias uniparentales, padres de diferentes edades y experiencia con la tecnología, umbrales de tolerancia más altos o más bajos a los estresores y al aislamiento, más o menos paciencia, cantidad de hijos para “hacer tareas”, rutinas y demandas familiares diversas. Además, influyen las expectativas que tienen de la Institución educativa, de la exigencia que deben tener, de cómo devolver el servicio que están pagando, de la cantidad de horas que tienen clase, si tienen clases o sólo tareas, si las pueden hacer solos los chicos o es necesario que un adulto les enseñe, si obtienen respuestas de la institución cuando las solicitan. Debajo de todo esto, cada uno tendrá sus valores, priorizará determinados aspectos, y será más o menos demandante al momento de evaluar las medidas paliativas y económicas de la Institución, así como de plantear reclamos. Ah! y cómo interpreten el punto 1 también afectará la evaluación.
  • Los niños/adolescentes: los reales destinatarios de todo el esfuerzo de las instituciones, de los docentes y de los padres, y son a veces los que podrían estar más exigidos pero menos tenidos en cuenta desde SU lugar. Se cree normalmente que los niños no tienen por qué quejarse ni estar estresados, si “están para eso” (estudiar, hacer deberes, etc.). Sin embargo, si los adultos padecen más o menos el aislamiento, imagínense a los chicos cuyo principal interés es estar con sus pares!! Algunos pasan conectados con sus amigos (tal vez como siempre), pero NO tienen el contacto personal, verse, estar juntos, y la posibilidad de salir de su familia. Otros ni tienen celular para chatear, pasando a estar sólo en contacto diario con su familia (y esto también los estresa). Tal vez algunos disfrutan de tener varias horas de clase virtual, porque están con sus compañeros además de tener una forma de ocupar el tiempo. Otros podrían sentirse abrumados o distraerse mucho si tienen las mismas horas de clase. Las tareas pueden ser más o menos exigentes para ellos, según cómo manejen la tecnología y también según cómo haya sido su desempeño hasta ahora: si un chico siempre ha requerido o está acostumbrado al acompañamiento de sus padres, probablemente lo necesite aún más en esta “nueva realidad”.

Y aquí van algunos Tips que no son Tips:

  • Valorar la ansiedad y el estrés que pueden estar viviendo los chicos. Tienen tanto derecho como los adultos, aunque por razones diferentes. Hay expectativas y demandas que escapan a ellos. Además de tener que afrontar las tareas diarias (que tal vez no comprendan y les genere inseguridad) pueden sentirse muy exigidos, culpables y responsables por las crisis familiares que explotan por “los deberes”, por las cuotas, por lo que “le mandan o no le mandan”.
  • Valorar la labor de los docentes, evitando evaluar “su trabajo” por el tiempo que tengan en Zoom. Más tiempo “en clase” o más tareas no implican necesariamente más calidad. Lo importante es el proceso que hagan los chicos para resolver las tareas, y el acompañamiento docente en su justa medida. Esto requiere una planificación diferente, acomodarse a los cambios, y corregir más tareas en muchos casos.
  • Confiar en las Instituciones en las que confiaste la educación de tus hijos. Sería importante evaluar las medidas de acuerdo a lo que es la propia Institución y las soluciones a mediano plazo, no sólo las inmediatas. Si somos técnicamente específicos, la educación virtual, en sí misma, implica tiempos y recursos diferentes que “la clase online” (que de por sí ya es diferente y requiere aprender y adaptarse). Nadie estaba preparado para esta situación. Puede ser más fácil en un principio la decisión de “dar las clases online” que pensar en la implementación de educación virtual, en una coyuntura (amo la palabra ;)) en la que predomina la incertidumbre (especialmente cuando todo comenzó y se podía pensar en “algunas semanas”).
  • Evitar las comparaciones entre Instituciones: reitero el papel de la cultura organizacional, y de pensar por qué elegiste “ese” Colegio y no otro. Seguramente hay valores que tuvieron en cuenta como familia, y que pueden perderse en la comparación de aspectos puntuales. Si eligieron una educación con libertad, respeto a la individualidad, autonomía, disfrute mientras se aprende…. no sería el mejor momento de comparar con las medidas tomadas por otra Institución con valores opuestos, porque seguramente serán distintas (ni mejores ni peores, sino diferentes). Nunca te olvides de lo que valoraste en un principio, y si te das cuenta de que eso cambió, tal vez debas reevaluarlo cuando todo esto pase, con la cabeza fría.
  • Diferenciar cantidad vs calidad, y exigencia vs aprendizaje: No basta con reclamar más horas, cumplir un horario o una rutina exigente. Pueden variar los recursos en función de que la atención no es la misma estando en un salón que frente a una pantalla. No tengan miedo a las películas, a los videos, a las búsquedas en internet, a las tareas que parecen sencillas.
  • Ocuparte de cómo están viviendo tus hijos este proceso más que por lo que está haciendo la Institución o por resolver los deberes: fijar la mirada en el aspecto económico puede ser perjudicial, así como presionarte por las tareas cuando escapan a tus posibilidades como madre/padre. Hay servicios y problemas que no se ven y están implícitos en la adaptación a la nueva realidad, en todos los involucrados.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, lo principal ahora sería que ESCUCHES a tu hijo para saber realmente qué están haciendo, cómo, cómo se siente, qué ha aprendido. Y si tiene dudas, que las maneje con su docente por las vías que tenga a disposición. Es probable que si estás muy pendiente de lo formal, o de la información de otros padres, te pierdas lo más importante: a tu hijo y la confianza mutua entre ustedes.

  • Y una yapa: Dejar de mirarse el ombligo y volver a los puntos anteriores. Tener empatía, capacidad de ponerse en el lugar del otro, ampliar la mirada más allá de los propios intereses y tener en cuenta las consecuencias de lo que cada uno hace sobre los demás (incluyendo empresas e instituciones, que también tienen personas adentro!!).

Espero que puedas ampliar tu mirada y bajar tu nivel de ansiedad sobre esta situación que nos está afectando a quienes tenemos hijos, para manejarla de la mejor manera posible.

No se trata de defender a nadie, sino de entender que cada uno seguro está haciendo lo mejor posible desde su lugar, con los recursos que tiene y la situación en la que lo encuentre. También los chicos merecen que no les sumemos más presión al hecho de tener que estar lejos de sus amigos, de sus actividades, y conviviendo con madres desquiciadas por las tareas 😉 las cuotas y si hay clase o no hay clase.

Lorena

Ahora te recuerdo o te cuento si es tu primera vez por acá, que te decargues la “Guía de estrés”. Es gratis, y te ayudará a entender qué es el estrés realmente, quiénes y cómo pueden estar estresados, y cómo se manifiesta. De verdad te lo recomiendo.

Entre los Recursos, también está la Guía para familiares de personal de salud en tiempos de crisis, enfocada desde la información y la posibilidad de comprender qué les puede estar pasando y cómo acompañarlos de la mejor forma.

Algunas ideas para bajar la ansiedad y la presión que genera la educación de los niños en casa, para todos los involucrados (padres, institución, docentes y niños), en una situación inesperada para todos.

Cómo acompañar a un ser querido que trabaja en la salud… en tiempos de crisis

Este post especial está dirigido a LAS FAMILIAS DEL PERSONAL DE SALUD que se está exponiendo en estos momentos.

Entiéndase por “familia” a padres, parejas, hijos; pueden incluir amigos si quieren: todos aquellos que se preocupan por un ser querido.

Y entiéndase por “personal de salud” no sólo a los médicos que atienden esta problemática, sino a personal de enfermería y auxiliares de diversas áreas que están tanto o más en contacto con personas ya enfermas, o con potenciales enfermos, o en un ámbito de trabajo y con tareas que lo ubican en posiciones particularmente vulnerables.

Si quieres ir directo a las recomendaciones, avanza hasta el último punto. De todas maneras, te sugiero que leas todo para ir “acomodando el cuerpo” y que realmente entiendas el por qué de estas sugerencias para la familia.

  1. Por qué dirigirme a la familia y no a ellos?
  2. Algunos puntos a tener en cuenta.
  3. Qué se sugiere al personal de salud para cuidarse.
  4. Cómo acompañar a alguien que está bajo esta presión.

Mucho se habla del personal de salud en estos momentos, como los “héroes” que se arriesgan más al exponerse en primera línea al virus y a un potencial contagio. En ese sentido, también ha surgido mucho material, indicaciones y líneas de atención telefónica para que el personal de salud acuda a ellas y se cuide a sí mismo.

Sin embargo, la experiencia viene mostrando que las consultas que reciben estas líneas son de parte de las familias, pero no del propio personal. También vemos que más allá de todo lo que hay disponible, quienes tienen cargos de responsabilidad solicitan “más apoyo” para la prevención en salud mental de su personal, mientras ya cuentan en sus propias redes con dichos consejos, con personal de salud mental, con recursos de diversa índole a su alcance.

1. ¿Por qué dirigirme a la familia y no a ellos?

Tengo 3 razones para darte, que me llevaron a pensar en la familia:

  1. Porque justamente, los profesionales están demasiado ocupados y abrumados para pensar en ellos, y es muy probable que cuando tienen un tiempo libre no quieran dedicarse a leer o mirar videos sobre “cómo cuidarse ante una pandemia”.
  2. Porque muchos de ellos, tal vez en los tiempos libres se dedican a buscar más información, a ponerse al día o a hablar con otros profesionales para ejercer mejor su profesión al día siguiente en una situación tan dinámica.
  3. Porque otro porcentaje ha tenido en cuenta los consejos que se brindan para el cuidado del personal sanitario, y lo pone en práctica, aunque aún la situación en Uruguay no ha llegado a extremos como en otros países. Sin embargo, puede haber conductas diferentes o reacciones emocionales que la familia no logre comprender e inclusive puedan transformarse en una fuente de tensión ajena a lo profesional (ahora, o más adelante).

Al final, desde estas 3 razones creo que podemos fortalecer al personal de salud y ayudarlos a cuidarse, si sus afectos y personas más cercanas logran COMPRENDER Y ACEPTAR sus emociones y su necesidad de tomarse tiempos de descanso de calidad (lo que se les pide a ellos).

Qué mejor manera de ayudar que desde la calidez del hogar, liberando tensiones al compartir la información y entender a la persona que se está sintiendo exigida ya, laboral y emocionalmente.

2. Algunos puntos a tener en cuenta

  • Muchas veces se simplifica de algún modo hablando de “los médicos” y podemos olvidar que “personal sanitario” implica a otros miembros de un equipo de salud que pueden estar en el mismo nivel de exposición por sus responsabilidades. Por lo tanto, recordemos que nos referimos a cualquier persona que trabaje en la salud y que se sienta o esté realmente expuesta y responsable de una función crítica para la situación actual.

Hablo de “se sienta” o “esté”, porque cómo lo viva cada uno será SU realidad. Tal vez alguien no esté directamente expuesto a los mayores riesgos de contagio, pero vive su labor y su responsabilidad para con los pacientes y su familia como una gran fuente de tensión. Esta persona requeriría los mismos “cuidados” pensando en su salud mental.

  • Habrá diferentes niveles de responsabilidad e involucramiento individual, dependiendo tanto de su personalidad y su modo habitual de resolver situaciones de estrés, más allá del lugar o la función que cumpla. Pero estamos en una circunstancia anormal, desconocida, y con experiencias de otros países que son extremas. Al riesgo físico y las necesidades ya instaladas, se suma la sensación de “esperar que explote” sin poder controlar cómo, cuándo y dónde, lo que genera un elevado monto de ansiedad ante la incertidumbre y la potencial necesidad de actuar ante una emergencia de mayor magnitud.
  • Es posible que la persona que trabaja en la salud, desde la medicina o enfermería ya esté preparada o tenga experiencia en situaciones de dolor, de sufrimiento y de presión por cuidar la vida de otro. Sin embargo, esta enfermedad cambia también la forma de acompañar al paciente, tanto desde el personal médico como de la propia familia. Ahora, no hay lugar para el afecto, la cercanía y la empatía hacia el sufrimiento del otro. Debe mantenerse la distancia física y afectiva del personal de salud, y la ausencia, directamente, de la familia. Esto es un elemento más que se suma a quien está “ahí”, a cargo o con una función de sostén.
  • Pero pensemos también en la función de los auxiliares de servicio: no son médicos, pero su rol es fundamental y están tan expuestos como ellos al contagio y al sufrimiento de alguien que está solo, sin poder hacer nada más (ni nada menos) que desinfectar para cuidar a otros. Ellos también merecen los aplausos de las noches, y también merecen los cuidados que se sugieren a los médicos, porque su temor y responsabilidad por sus seres queridos puede estar en el mismo nivel.

No importa el título que tenga quien esté trabajando en este momento, aquí importa que no hay superhéroes sino personas normales. Importa que tú, que estás leyendo esto, podrías estar preocupad@ por alguien que quieres y estar buscando el modo de ayudarle, por él/ella, por tí y por el bienestar familiar.

3. Qué se sugiere al personal de salud para cuidarse:

En líneas generales, revisando varios recursos disponibles respecto al abordaje de crisis en general, y de países “más avanzados” en el afrontamiento a la pandemia, se sugiere esto:

  • Reconocer y permitirse sentir las emociones y sentimientos (aunque las crea “negativas” como el miedo, frustración, culpa, irritabilidad, agotamiento, inestabilidad, insensibilidad, tristeza)
  • Minimizar los riesgos físicos para su familia (higiene, distancia)
  • Enfocar su energía en el trabajo en el presente
  • Tomarse tiempos de descanso y “hablar de otra cosa” con sus compañeros
  • Potenciar pensamientos positivos y no caer en los negativos
  • Reconocer y dar apoyo a su equipo de trabajo
  • Desconectarse del trabajo cuando no está allí
  • Hacer ejercicio, meditar, leer, escuchar música
  • Tomar agua, alimentarse bien, descansar lo necesario
  • Aceptar como merecido el reconocimiento social
  • Permitirse disfrutar buenos momentos
  • Saber que podría tener ataques de pánico o episodios depresivos, y prepararse para afrontarlos
  • Pedir ayuda si lo necesita
  • Decidir la mejor actitud para superar esta crisis, y seguir viviendo más allá de su obligación laboral
  • Estar atento a cómo evolucionan sus emociones en el tiempo, partiendo de que es normal experimentar cambios
  • Prepararse para un potencial aislamiento en su hogar

Estas recomendaciones son las que están en videos, folletos y publicaciones varias, con más o menos indicaciones específicas, para que el personal de salud las lea.

Como son útiles y positivas (para todos), pero aparentemente “no llegarían” a los potenciales beneficiarios, ahora vamos a ver cómo podemos ayudar a ese “personal de salud” que está tan ocupado cuidándonos que tal vez no se cuide… o no sepa cómo… o sabe y no lo hace… o sabe y lo hace, pero los demás no lo comprende.

4. Cómo acompañar a alguien que está bajo esta presión

Buscar comprender por lo que está pasando: no solamente sabiendo “qué es el coronavirus” podrás comprenderlo. Necesitas ser consciente (desde la cabeza y el corazón) de las demandas que implica para el personal de salud estar lidiando con esa situación en su jornada laboral, a lo largo de los días. No se trata sólo de anécdotas que tal vez se cuenten sin importancia. Recuerda que a veces “la procesión va por dentro”, y el estrés puede manifestarse de otras maneras aunque no lo diga.

Tener en cuenta que es normal que cambie su estado anímico: dependerá de cada uno cómo lidia normalmente con las dificultades, tensiones, y emociones. Puedes conocer a una persona con tendencia a cierta insensibilidad respecto a su trabajo, o a alguien que siempre ha sido sensible. Es posible que esto se exacerbe o cambie, así como es posible que por momentos esté triste, o irritable, o frustrado y cansado. Es normal, no te asustes ni te enojes con él/ella. Aquí es donde la familia juega un rol fundamental: ayudándolo a que se permita sentir lo que siente, y expresarlo sin temor a ser juzgado.

No sumar tensión familiar a la que ya tiene: si quieres ayudar de verdad a esa persona que te está preocupando, lo mejor es brindarle un lugar seguro y cálido al cual llegar, donde pueda relajarse, tomarse un tiempo de descanso y placer, sin ser atormentado por más problemas. Seguramente hay “cosas” que pueden obviarse, un enojo que se puede evitar, una discusión que no sea necesaria. Una vez más la comprensión y la empatía son claves para poner cada cosa en su lugar.

Mantener rutinas que sabes que le hacen bien: tal vez sea la hora del baño de los niños, hacer la cena, hacer ejercicio… aunque parezca que está demasiado cansado para hacer esto también, no pierdas de vista que si se deja llevar por “las ganas” tal vez se tire en un sillón, a seguir pensando en lo que pasó en el día o lo que hará mañana. A veces todos necesitamos que “nos empujen” a hacer lo que no queremos, porque es lo mejor para nosotros. La actitud con la que “se empuje” será la que marque que sea una presión desde la queja y/o la incomprensión, O un incentivo para hacer algo que sabemos que le hará bien.

Ayudarle a pensar en positivo y ser realista: si ves que cae en pensamientos negativos, derrotistas, minimizando todo su esfuerzo y/o sintiéndose inútil o frustrado, tienes la posibilidad de ayudarlo a pensar la situación desde otro punto de vista, más realista. La creencia de cada uno sobre lo que es capaz y su percepción de eficacia ante la resolución de los problemas, determinará lo que piense sobre sí mismo y cómo lleve adelante la situación.

Cuidado en este punto: la sensación de omnipotencia tampoco es buena! Sentir que son superhéroes/heroínas puede afectar también su manera de asumir las responsabilidades y cuidados físicos y emocionales, consigo y con los demás. Eso también requiere ayudarlos a ser realistas.

Compartir lo positivo del día en la familia: puede parecer tonto o difícil, pero es importante que todo el esfuerzo del trabajador y de su familia tenga un sentido. A veces es necesario detenerse a pensar a propósito en qué es lo positivo del día, qué se aprendió, por qué valió la pena lo que se hizo. Y será sin dudas, un buen ejercicio y ejemplo para toda la familia: saber que vale la pena lo que se está haciendo.

Mantener las pautas de higiene en el hogar: es posible que el propio temor y angustia por cuidar la salud de su familia, mantener la distancia física, la culpa por la posibilidad de generar un contagio en sus seres queridos, sean fuentes de preocupación para quien está más expuesto, además de no poder dar ni recibir un abrazo de quienes más necesita. Quien está en casa tendrá un papel fundamental apoyando las conductas necesarias para minimizar el riesgo, y por lo tanto el temor al contagio.

Tomarse un tiempo entre adultos: si hay niños de por medio, puede ser difícil lograr el acercamiento emocional necesario con otro adulto (pareja, padres, hijos mayores) para hablar realmente de lo que se siente. Se sugiere al personal de salud que comparta con sus pares lo que siente, y también te sugiero que habilites esto en tu familia. Seguramente no es lo mismo, porque la comunicación se da en diferentes niveles, pero para quien está bajo presión será importante saber que tiene “el permiso” en su hogar para expresar cómo se siente, y esto puede evitar que de pronto hayan más enojos cuando en realidad se siente tristeza o impotencia. Volvemos a la comprensión de las emociones (tanto del trabajador como de sus seres queridos).

Facilitarle recursos para desconectar del trabajo: se les sugiere que hagan ejercicio, que mediten, hagan mindfulness, retomen un hobbie abandonado… puede ser fácil decirlo pero difícil de llevar a la práctica, especialmente por personas muy racionales, centradas en el trabajo y que tal vez no tienen esos hábitos incorporados. Si tu familiar lo está poniendo en práctica, tu mejor forma de colaborar es respetando y facilitando esos tiempos de “estar a solas”. Si no lo hace, tal vez puedas colaborar invitándole a hacer algo contigo, o facilitando momentos y herramientas para que lo haga solo. Ten en cuenta sus preferencias y personalidad. Tú, más que nadie, podrías encontrar la forma de “persuadir” para que incorpore hábitos comprobados como saludables. Otra vez: desde la comprensión, sin aumentar presiones, y con flexibilidad (recuerda el tercer punto: no agregar más tensión de la que ya tiene).

Tener en cuenta los detalles: un mensaje lindo que encuentre entre sus cosas, comidas ricas cuando llegue a casa, tiempos de descanso/diversión sin hablar del trabajo, “mimos” que le ayuden a sentir ganas de estar ahí y de cuidarse, valorar el esfuerzo que hace, respetar sus cambios de humor, su actividad y sus silencios, desde la comprensión de que está pasando por una situación de presión física y emocional.

No tomarse todo personalmente: teniendo en cuenta todo lo anterior, es importante que la familia desarrolle paciencia y tolerancia hacia los nuevos comportamientos que pueda percibir, recordando que es posible que su ser querido se sienta mal, exigido, frustrado, triste, con miedo, por la situación global y particular por la que está pasando, y que atraviesa tanto el nivel físico, como el cognitivo y emocional. Es posible que las reacciones o comportamientos estén desajustados al momento o situación puntual, pero recuerda que responden a lo que está pensando y sintiendo, no precisamente a lo que está pasando aquí y ahora.

Tomar alguna de las medidas ya planteadas, es una manera de prevenir y generar el clima adecuado para minimizar las posibles consecuencias que pueda tener esta crisis, a nivel familiar y/o de pareja.

Prepararse para una posible cuarentena: todos estamos expuestos, pero hablamos de personas que tienen mayores probabilidades de requerir aislamiento total dentro de su propio hogar (o inclusive fuera de él), ya sea por sospecha o ante la confirmación de COVID 19. Tomar conciencia a nivel familiar de esta posibilidad y manejar opciones y escenarios antes de que sea necesario, puede ser una forma de aliviar la presión de la persona que trabaja en centros de salud. Tener el control de la situación al menos dentro de su casa, será de gran ayuda para quien se maneja ante la incertidumbre día a día (el lugar, las pertenencias, los protocolos hogareños de higiene, la necesidad de distancia física total y todo el cuidado que requiere la convivencia con una persona en cuarentena).

Espero que te resulte útil esta información, y te ayude a ponerte en los zapatos del otro. Puede resultar difícil a veces actuar de la mejor manera cuando sólo damos lugar a la información por la vía racional, así como puede ser difícil para quien está inmerso en esta situación reconocer sus propios sentimientos y necesidades. Por eso es importante que te involucres y comprendas lo que se le sugiere al personal sanitario, para poder aportar desde tu lugar a su propio cuidado y al bienestar familiar.

Cuidar la salud es más que prevenir un contagio, implica también la salud mental. Por eso, en esto también nos cuidamos entre todos.

Por favor compártelo más que nunca con quienes puedan tener un ser querido trabajando en la salud, y por qué no con los propios trabajadores! Es importante que sientan que los demás entienden su situación, y de alguna manera “que saben” lo que les podría pasar y sentir. Estar en la misma sintonía es importante, y una forma más de no sentirse solo.

Lorena

Hay recursos e información para que se cuide el personal sanitario. Aquí hay para el personal y su familia, que es quien está más preocupada por cómo ayudarlos y a veces se siente impotente.

Cómo mejorar la convivencia en aislamiento

Hemos hablado de estrés y de algunas estrategias para minimizar su impacto, en el post anterior. Claro que hay mucho más para hacer, y una de las grandes preguntas y realidades es “¿qué hacemos con los niños?”. Y creo que gran parte de la clave para “sobrevivir al encierro con niños” está en cómo interpretemos lo que pasa y cómo manejamos las emociones (suyas y nuestras).

Así que este post que piensa en madres con niños… servirá también para parejas, padres, suegros, amigos, y con quien sea que te toque la convivencia.

Cada una podrá encontrar sus pros y contras según su situación, pero no podemos pasar por alto que si tenés niños pequeños en casa, no solamente tendrás que pensar qué hacer “contigo” sino qué hacés con ellos. Y esas mujeres seguro añoran más aún estar en cuarentena… solas!

Seguro hay muchas que deben fantasear con hacer un paquetito con pareja e hijos, y enviarlos “a la casa de su abuelita” (al mejor estilo Caperucita), ya que la pobre abuelita además está sola y los extraña ;). No es la intención que se los coma el lobo… pero sí poder estar tranquilas, con la tele a disposición o hasta trabajando si querés, sin nadie que pregunte dónde está su buzo (ese que hace meses que no usan), qué hay para almorzar, a qué pueden jugar, ni que se estén peleando por quién sigue en el Play o en la computadora… Tal vez muchas sueñen con estar mirando una linda película y no a un youtuber de turno o dibujitos animados, tomando un café con leche o un vaso de agua por el simple placer de no cocinar.

Pero bueno, terminó la hora de la fantasía y estamos en nuestra realidad: en casa, con nuestras familias (si estás sola tus sueños seguro son otros), y algunas con niños que aún no se pasan gran parte del día en su cuarto conectados con sus amigos, jugando al play o mirando series, además de las tareas escolares que muchos hacen solos.

Más allá de la broma (y de las fantasías que siempre están y son bienvenidas ;)) hay algunas claves para sobrellevar este tiempo en familia cuando tenemos niños y queremos mantener nuestra salud mental además de protegernos del virus.

Facilitar una buena convivencia es fundamental para que nuestro hogar no se transforme en un campo de batalla.

Empecemos por recordar que TODOS TENEMOS DERECHO A ESTAR ESTRESADOS. Esto implica ansiedad, cambios en nuestro estado de ánimo, irritabilidad, tristeza, miedo. Y esto en los niños también puede traducirse en berrinches, peleas, hiperactividad y cambios en su conducta.

Es clave, obviamente para los niños pero también para los adultos, que tengamos presente esto.

No será lo mismo que pensemos “encima que estamos encerrados este niño se porta cada vez peor”… a que pensemos “es lógico que reaccione de alguna manera teniendo que estar encerrado” (ya lo sé: estás pensando “sí pero vení y aguantalo vos”, no?)

Nuestra disposición como adultos responsables, y nuestro sentimiento hacia la situación estresante, será diferente porque la interpretamos diferente! Será muy distinto actuar desde la comprensión y la empatía, que desde el enojo y la impotencia (siempre que logremos actuar desde el sentimiento de empatía y no desde la primera reacción de rabia, impulsivamente. Si te sirve de algo, acordate que después, además, te vas a sentir “mala madre” por haberte enojado así).

A veces, simplemente es necesario aguantar el chaparrón, respetando los tiempos y sentimientos del otro (sí, aunque sea un niño y aunque nos “desespere”) ayudándolo luego a poner en palabras lo que le sucede. Dibujar o jugar también sirve…

Ante una emoción fuerte, dejémosla expresar, acompañando luego con un diálogo y un re encauce de las reacciones y las conductas si es necesario. A veces expresamos nuestras emociones de formas inadecuadas (tanto niños como adultos) y necesitamos que alguien nos ayude a hablar de lo que nos pasa, de lo que sentimos, de lo que pensamos. A veces sólo necesitamos hablar, otras necesitamos información, otras que nos abracen (si estás en cuarentena en tu casa). Pero siempre necesitamos expresarnos.

En segundo lugar, es importante mantener el equilibrio en general a lo largo del día, y aquí entran varios puntos de los que compartí en el post de Instagram para estar con niños en casa. Lo resumiría entre:

  • tiempos en familia y tiempos en soledad
  • estructuración y libertad de elección en “algo”
  • mantener una rutina y tener flexibilidad
  • usar tecnología y no abusar de ella
  • estar en casa y estar conectados con familia y amigos
  • poner límites y mostrar empatía
  • cumplir las tareas escolares y no aumentar la presión

El objetivo principal es MANTENER UNA BUENA CONVIVENCIA Y MINIMIZAR LOS CONFLICTOS.

Elijamos las batallas que queremos dar, sabiendo que esto es nuevo para todos, que cada uno tiene derecho a reaccionar diferente, y que nuestras emociones irán cambiando.

Es normal que nuestro estado de ánimo varíe, y tenemos que recordar que si esto vale para nosotras, también vale para los demás. La comunicación (habiendo expresado las emociones previamente) es clave, tanto con niños como con adultos. Es la forma en que disminuyamos los conflictos y vayamos aprendiendo y acomodándonos, estableciendo pautas de comportamiento, “reglas de la casa”, momentos de compartir cómo nos sentimos, respetando los tiempos y espacios que todos necesitamos.

Ojo! sin dejar de ser una familia con pautas y rutinas básicas que es necesario mantener (los lugares/tiempos de trabajo, las comidas familiares, higiene, etc.).

Y algo para pensar: muchas veces no son “los niños” los que están sobrepasados, de mal humor, que no se adaptan… sino los adultos que están a cargo y transmiten un clima de tensión que obviamente afectará a los peques.

Cuidado con poner foco en ellos como fuente de tensión, cuando la tensión está dentro de los adultos a cargo (por sus problemas económicos, por sus preocupaciones, por los deberes, por el desorden en casa, por no poder salir).

Tal vez ellos simplemente están felices de estar en casa, con mamá y papá.

Y cambiando de tema: te recuerdo que tenés en la pestaña de Recursos algunas guías para descargar (para descubrirte y para conocer qué es el estrés).

Estoy trabajando más en Instagram que en Facebook, y allí habrá más contenido, más seguido que en el blog.

Y por favor, si te gusta lo que encontrás en Eurekaonline, donde sea, seguilo y compartilo con las personas que te parezca que puedan aprovecharlo. De verdad es la manera de poder seguir avanzando y llegar a más Eurekianas que andan por ahí y no nos han descubierto! Gracias 😉

Lorena

Tanto con niños como entre adultos, debemos lograr minimizar las fuentes de conflicto. Comprender lo que sucede puede ser un inicio.